APTITUD
DEL TERRENO
La
aptitud trufera de una zona viene determinada por sus condiciones
geográficas, climáticas, edáficas y bióticas.
La
altitud adecuada viene condicionada por la latitud y la orientación
de la parcela. Así, en España se situaría
entre los 400 y los 1.500 m.
Las
condiciones climáticas con mayor influencia son la precipitación
y la temperatura. La trufa prefiere climas mediterráneos
evitando temperaturas extremas y con una pluviometría óptima
entre los 600 y los 900 l/m2.
La
trufa se desarrolla en suelos calcáreos con pH comprendido
entre 7,5 y 8,5. Se han descartado los suelos yesosos, los salinos
y los suelos que se encharquen con contenidos muy elevados de
arcilla.
En
general, excepto casos excepcionales, no hay problemas de deficiencia
de nutrientes. Los problemas asociados a macronutrientes son a
causa de concentraciones demasiado elevadas que provienen de la
aportación de abonos o purines, pudiendo provocar la desparición
del hongo.
El
legado del cultivo anterior al terreno donde se establecerá
la plantación afectará a su evolución. Son
preferibles los cultivos de cereales, leguminosas, viña
o los frutales.